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ReciclaMadrid 2013: paseo onírico

Hace unos días, exactamente fue en domingo no-cualquiera, tuve a bien levantarme perezosamente de la cama y hacerlo todo del mismo modo: preparar la cámara, coger la ropa del armario, ducha reparadora, callejear, tomar un desayuno energético y pies cuánto os quiero, nos echamos a andar camino a La Neomudéjar, centro de artes de vanguardia y residencia artística. Como casi todo lo bueno, cuesta encontrarlo, su fachada no es visible desde la calle, no es nada evidente ni tiene un luminoso de 2 x 4 metros anunciándote que vas a llegar, pero llegas. Esa es parte de la magia, de su encanto. Un edificio con promesas evidentes de haber sido (ser) una ruina que pertenecía a la antigua estación de Atocha, el fin de vía del tren llegaba a la misma puerta desde donde se surtía de materiales directamente desde los vagones de mercancías. ¿Os vais imaginando?

Pues bien, desde que comienzas a atisbarlo los ojos se te abren como platos: antes de entrar ya ves a dos artistas con sus espráis en plena acción, un patio con su árbol, una puerta que te recibe sola, no hay custodio, y entras pensando "¿Se podrá pasar?" mientras te oyes decir sin parar "¿Y esto? ¿Y esto? ¿Y...?" con la boca abierta te dejas llevar. No puedes definir ni explicar nada, cada obra conlleva, define la visión de los artistas, todos distintos, pero en conjunto, sumadas al espacio, conforman un lugar onírico, compacto donde te vas adentrando cada vez más y más y más... Alicia en el país de las maravillas, Dorothy, un marinero (o su espíritu, vaya usted a saber) que te grita "¡A contramar!", la cuna del niño que nunca lo fue, o que dejó de serlo, sillas que prometen color y momentos de placer, luces, sombras, una patio abierto, color, cencerros y el campo, oscuridad, la nieve y el frío, piezas orgánicas con las que cubrir tu cuerpo, otras para deleitarlo o nutrirlo. Esto que ves era eso pero ahora es aquello, reutilizar, reinventar, reciclar, reubicar, rediseñar y darle dos mil vueltas a todo, o una... suficiente. Un espacio vivo, abierto, en el que lo imposible es dejar de viajar con los cincos sentidos, aunque llegues a sentir cierta chispa de miedo al escuchar cualquier ruido de más, inquietantes gritos, que los hubo. Era un artista, por ende era arte.

No quería parar de ensoñar. Empíricamete demostrado que todo es posible. Deber ser una fortuna formar parte de esta tribu de locos con alma en ristre, aunque sólo sea colocando una pieza de 5 centímetros en el suelo durante dos minutos de tiempo en este puzzle de inquietos y talentos.

Reciclamadrid chocó con una fuerza visceral con lo que llevo dentro, eso que puja por salir en la "búsqueda de". Lo que sale de las tripas, las entrañas, la forma de ver, expresar, estar de paseo por este mundo y "concuerda con".

Un compromiso, un gesto, la acción que genera movimiento,que a su vez parte de un deseo.

Es imposible reflejarlo en imágenes o palabras, aun así por aquí les dejo un trocito de este paseo de domingo:
















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