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2013, no es cuestión de suerte


1. Cogí el trozo del roscón de reyes que escondía esta adorable figurita, una inesperada oveja, escogí bien.

2. Las plantas aromáticas que sembré en verano no se dieron tan bien, no las planté en la época correcta, que según he visto debería ser en marzo, en  puertas de la primavera. Aun así, el orégano echó raíces y se ha empeñado en seguir vivo, es fuerte y crece. Siguiendo este ritual de inicio de año lo he transplantado, mejor maceta mejor tierra, y hasta con abono cortesía de Casimiro. En fin, más mimos. Superviviente. Nos seguiremos cuidando.

3. Los adornos del árbol de navidad hoy han dicho adiós, quién sabe si hasta finales de este mismo año. Han sido en sí mismos una metáfora de transformación, de continuidad en lo vivo, de darle sentido y tiempo de vida a las ilusiones y a los objetos: hojas caídas de los árboles que nos han dibujado el invierno, botellas de PET que han formado estrellas, retales de fieltro rojo venidos a corazones y hebras de arpilla que iban quedando de las telas utilizadas este año. Lo hermoso no cuesta dinero ni sale en películas de Hollywood, lo hacen nuestras manos guiadas por el ingenio, la creatividad y el sentido común, que no entienden de costes ni valores monetarios, sí de bienestar, felicidad y corazón.

4. Y con esto de que hoy todo se ha guardado o se  vuelve a transformar, la figura del roscón, como buena oveja que es, tiró pa´l monte, a la sombra del orégano, y ahí se quedarán mientras consideren.

Al terminar este ritual de bienvenida al año nuevo y despedida al que ya pasó me he dado cuenta de que sí o sí he creado mi parcelita de "campo", por mucho que me encuentre en el centro de la capital del reino, cuna de rascacielos y demás edificios. Aquí también se encuentran los techos de tejas que veo cada día de la ventana, una visión hermosa. En esta casa reinan la tranquilidad y la calma.

Y viendo el panorama cada vez que salgo de ella sé que soy muy afortunada. También soy consciente de que es un oasis temporal, vivimos vinculados unos a otros y todo nos afecta. Mientras iba recogiendo, guardando por aquí, colocando por allá, limpiando esto otro, iba ordenado mis pensamientos y recapitulando sobre lo que ha ocurrido este año, los cambios que estamos afrontando, cómo nos afectan, en cómo es posible que la hostilidad vaya en aumento, porqué nos complicamos la vida  dando tanto poder e importancia a quien no debemos dárselo.

Y fui llegando a varias conclusiones:

Pensé seriamente en lo poco que necesitamos para ser felices, para sentirnos bien y lograr ese bienestar para nosotros y para los otros. Muy poco, se necesita muy poco. Pensé también en lo mucho que nos complicamos la vida, y la de cosas que nos hemos inventado (o aceptado) que nos alejan de todo eso. Esto ya no es tan fácil de enumerar o hilvanar con un cierto orden lógico, conexo, pero lo intento.

Por defecto profesional y "deformación reglada",  me acordé de los responsables de recursos humanos con los que he tenido la "suerte" de encontrarme en los últimos tiempos. Es una materia que me apasiona, está relacionada con el trabajo y las personas, y en la que siempre que puedo me detengo. La teoría escrita es sublime: motivación , comunicación, desarrollo personal y profesional, bla, bla, bla,... Las posibilidades son todo un mundo... teórico. La realidad, que es la que cuenta, es que muchos de estos profesionales son los que reclutan a los remeros de galeras que luego fustigarán, presionarán y controlarán con el látigo por el bien de una empresa. Son los que adoptan precisamente actitudes inhumanas, tanto en su conducta como a la hora de seleccionar al personal de las compañías en las que trabajan. Triste. O hay una plaga de delincuentes suelta por ahí, lo que les ha llevado a endurecer posiciones, o aprovechan la coyuntura para sacar al sádico/a que siempre llevaron dentro y que les permite tratar a los otros como esclavos que deben prestarles servidumbre sin mirarles a los ojos. Pena de profesión.

Yo más bien opto por la primera hipótesis, la del sadismo. Y es que me cuadra más ¿Por qué lo digo? Pues porque cada vez que voy al súper, por ejemplo, veo claros síntomas que que vivimos en una sociedad enferma que adora a muy equivocados dioses. Y es que resulta que el bestseller del año, que te colocan bien visible en las vitrinas más próximas a las cajas, es "50 sombras de Grey", otra historia de sadismo en toda regla que algún enfermo de vida la confunde con amor. Intolerable. Yo me quedo con la boca abierta sólo de pensar que es cierto el éxito que le adjudican, que no corresponde a una estrategia de marketing desmesurada. Pero ya digo, viendo una cosa y otra, por otra parte no me extraña.

Y atendiendo a todo esto, a la realidad que nos rodea,  y a la certeza de que vivir de una forma más saludable, sana, es posible, simplemente llegué a la conclusión de que la única opción es el rechazo hacia todo eso. Desde luego que las relaciones interpersonales no son fáciles,  al igual que tampoco lo es el trato que uno de se dispensa así mismo, por muy propio que sea; pero no ha lugar ciertas cosas y ciertos comportamientos.

Los profesionales de la sanidad pública de la Comunidad de Madrid, los trabajadores del Metro, los que se oponen de frente a los desahucios, los que no toleran lo intolerable. Ante tanta enfermedad de esta sociedad sólo cabe plantarse, no perder el norte ni el verdadero sentido.

Justo ahora que la presión desmesurada aumenta, que la rapidez exigida por sistema productivo ha formado parte de las filas de caos, justo ahora más que nunca reivindico el tiempo lento, el amor en las cosas que se hacen, en no tener que demostrar nada a nadie, sólo a uno mismo, hacerse preguntas y respetar el tiempo del otro para que se las haga, encontrar distintos caminos para llegar al mismo sitio. Y caemos en el peligro de caer en el totalitarismo, extremar posiciones, caldo de cultivo de este caos deshumanizado que nos están regalando. No. Tiempo lento, sosiego, regalar y regalarse cuidados, ir encontrándonos poco a poco con los pasos que damos, ser consciente del camino que estamos creando al darlos... y valorarlo, dirigirlo y redirigirlo con calma y cariño.

Ahora más que nunca nos conviene identificar lo que nos proporciona frío y nos aleja de sentir calor en nuestras almas/corazones, que en tiempos de revuelta es lo que más necesitamos, lo que nos hace humanos, lo que nos lleva a lo asociativo, a empatizar y enredarnos unos con otros.

Y retomo el hilo, vuelvo a lo particular de este cuento: mientras guardaba las estrellas del árbol, transplantaba el orégano y buscaba un lugar visible y amable para la figura del  roscón de reyes, reaparece un viejo sueño: crear un lugar (hogar) en el campo, con casi nada nuevo, todo viejo y reutilizado, ingeniado, con huerto plantado, un lugar de encuentro en el que compartir momentos cálidos, donde tengan cabida la música y los músicos, la literatura y los escritores, la creatividad y los artistas,... Donde las fiestas se formen porque vamos a recoger los frutos de ese huerto, a probar lo rico que ha quedado el asado o se acaba el invierno,... Sentados alrededor de una mesa con una taza caliente en nuestras manos, contarnos historias, escucharnos, despedirnos con un abrazo. Un buen antídoto para este mundo raro y enfermo que estamos aceptando. Lo de siempre, salud y vida, camino.


Y vuelvo al principio: 1, 2, 3, 4...



2 comentarios:

  1. Qué bonito¡¡ Me ha gustado mucho, mientras ordenas los adornos, ordenas los pensamientos y vuelves a tu rincón de paz. Transmites calma y eso es muy difícil hoy en día. Enhorabuena. Sonia

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    1. Muchas gracias Sonia!! Una alegría tus palabras, dan calor ;) Un abrazo!!

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