Translate to...

Sobre tradición, innovación y un cuento

 Qué se hereda...

En este caso no sé si sería más correcto hablar de recuperar tradiciones: hablo del ganchillo. Cuando era enana pasaba mchas tardes rodeada de costureras, y cunado no, las buscaba, de lanas, hilos y agujas,... y cosiendo. Y recuerdo a qué hora,  a las cinco, después del bocadillo de nocilla y con Espinete. Aprendí los puntos básicos de ganchillo y los de las dos agujas, lo que era un punto de lado, un hilván, como se le suben el vuelto a un pantalón y la forma más adecuada de poner un botón. Por mi parte, cosía que te cosía para las muñecas, les montaba nuevos vestidos y metía tijeras a los que ya traían de fábrica.

Uno de los cuentos favoritos de la abuela Teresa (Mamá Nina), era contarnos las tardes de costura que pasaba bajo la sombra de los perales junto con sus primas y el  corrillo de amigas. Siempre recuerda estos momentos con mucha alegría, iluminan su cara. Allí cosían, se enseñaban unas otras cómo podían hacer esto o lo otro, se contaban sus travesuras, hablaban del chico que les sacó a bailar el último domingo,  y lo más importante: comían chocolate (según confiesa alguna vez se les coló una copa de vino. Oh my god!!!!! Ya se andaba transgrediendo por aquellas épocas)

Estas formas de crear, desde lo más necesario, a eso tan imprescindible porque simplemente nos gusta mucho, han sido transmitidas de generación en generación, de forma oral y haciendo, sin parar de hacer, hasta que ya se han colocado en el lugar del instinto, nace y crece dentro, late, y te sale por los dedos, sin parar de querer crecer y hacer.


Ovillo de trapillo, aguja y manta!!!



...y en qué innovamos


Vivir en pleno siglo XXI ya es toda una innovación, no vivimos en Mátrix, pero casi. La era oral ha dado paso a la digital y aquí estamos. Hemos aprendido distintas técinas y formas de hacer y comunicarnos. Del trabajo manual hemos pasado al tecnológico, tras venir de la era del puro conocimiento, muchos codos hemos echado.  Nuestra realidad es mucho más compleja por global, lo que estaba tan lejos, lo desconocido, ahora está a un click y entra en nuestras casa, en nuestras vidas, pasa y se acomoda en nuestro salón.

Quizá nos hemos subido subido a un carro algo "agresivo", donde las personas y sus vidas han quedado tapadas, imbuidas por todo eso. Bueno, no me repito.


peeeeero ¿todo es cíclico?

Si hablo por propia experiencia puedo decir que sí. Y para muestra...

Bolso de trapillo
No aprendí a hacerlo debajo de un peral, sino en Pepa Luna, donde celebramos la segunda reunión del Club. Nos enseñó el patrón Beatriz Portela, que a su vez lo aprendió tejiendo en otro grupo. Manuela Fernández nos enseñó cómo obtener trapillo reciclando camisetas, en vivo y en directo, de forma espontánea, nada que ver con la sensación de aprenderlo en un vídeo colgado en Youtube. Clara nos ensenó cómo hacer una flor una flor enroscando el trapillo. La una le enseñaba a la otra lo que buenamente podía o sabía, hasta que todas conseguimos terminar el bolso que cada una tenía en su imaginación, patrimonio personal y creativo.

Y así con todo. Lo mismo con las integrantes del Corrillo del Ovillo, al que Yulia nos invitó desde la primera reunión del Club en el Nómada Market. Virtualmente ya nos conocemos, la ilusión me llama a la siguiente reunión.


Y así hemos tejido y seguiremos tejiendo, aprendiendo y creando. Plantando semillas "que no se desvanecen, sino que crecen".

Y de nuevo me viene Drexler con su "nada se pierde, todo se trasnforma"

Hoy quiero compartir un cuento que aprendí dentro de la jaima de Kiku Mistu (si se los encuentran en su camino no dejen de verlos, de vivirlo), allí nos contaron sus "Historias para mujeres y hombres buenos", una de ellas dice así:

 LA HISTORIA DE  COMPARTIR LA LUZ 
(Historias para Hombres y Mujeres Buenos)

 "..Algunos hombres y mujeres se habían quedado encerrados por error a oscuras en el interior de una caverna donde no podían ver apenas nada.
Pasó un rato, y una niña que había entre  ellos, la más pequeña del grupo, consiguió encender una pequeña tea.
Pero la luz que daba era tan pobre que aún no se podía ver nada. 
Entonces a la niña, se le ocurrió, que con su luz podría ayudar a que cada uno de los otros encendiera  su propia tea y así compartiendo la luz entre todos, la caverna se  iluminó.”
“Esta historia nos enseña que nuestra luz sigue siendo oscuridad si no la compartimos. Y aún nos enseña una cosa más: Que nuestra luz, al compartirla  no se desvanece, al contrario, crece.”
"Compartim la Llum"(lametáfora / la metàfora)


4 comentarios: